Por: Sofia Casablancas
Imágenes: Guillermo Trejo / Nuria Zapata

Les juro que amo México,  y más el D.F., simplemente me encanta. Pero si me dieran a elegir una ciudad a la cual mudarme, sin dudarlo, Berlín sería la ganadora. Pese a que no es tan grande como la ciudad de México, siempre tiene vida, fiesta y ese aire melancólico histórico raro que encanta. Berlín, hasta para los alemanes es punto y aparte, es un mundo diferente dentro de una Alemania llena de reglas y un poco de estrés colectivo.

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Hay dos Berlines: el de verano y el de invierno, únicos e increíblemente divertidos en distintas formas. El primero parece una pool party, las pocas horas de sol se desquitan con los 35º que llegan a alcanzar, y no hay nada más sexy que alemanes bronceados y tomando el sol en el parque, afuera de la catedral o con tank tops y sus bicicletas, ¡y mucha cerveza! Recuerdo que Becks era mi opción favorita para refrescarme. Y para comer, Döner, es un restaurante turco; la comida se sirve en pan y la carne pude ser de cordero o de pollo, la cocinan en una especie de trompo. Ajá, como los de pastor, y a simple vista parecería una torta mal cortada, pero es delicioso, le ponen muchos vegetales, mil condimentos y salsas nada picantes a nuestro paladar educado por el chile.

Ya que se te quitó el hambre puedes seguir echando fiesta en Bandeschiff, que es la alberca que instalan a lado del río. Si tienes suerte te toparás con algún festival al aire libre, realmente aman su verano.

En invierno puedes seguir fiesteando. Lleva muchos abrigos. Al bar que entres, si quieres tener la cosa más de amigos, puedes tomar Glühwein que es vino caliente y sí, muy pegador. No te recomiendo que tomes muchos si tienes que regresar, pues las calles se vuelven algo resbalosas por las ligeras capas de hielo. Caminar se vuelve un deporte extremo. Es divertido ver, desde tu ventana, a los peatones que intentan mantener el equilibrio.

La primera vez que estuve en Berlín sí tomé un tour, lo acepto. Fue la forma más fácil de conocer los lugares turísticos, lo recomiendo ampliamente. Hay muchos paquetes que puedes encontrar afuera de la puerta de Brandeburgo, te llevan al bunker de Hitler, al monumento a los judíos, al Reichstag, a la Isla de los museos. Casi escondido entre los árboles, hay un monolito de concreto con una pantalla algo difícil de acceder, ese es el monumento a todos los homosexuales asesinados durante la Alemania Nazi, no es que esté escondido por vergüenza, sino que representa lo difícil que fue, lo importante que era no ser descubierto. Te contaría qué hay dentro de la pantalla, pero mejor te dejo la sorpresa por si algún día llegas a visitar el monumento. Yo no pude evitar sentirme conmovido por todas las víctimas. Entre los lugares que no te puedes perder están Berlín del este, el muro de Berlín, el recorrido de arte urbano, Pub Crawling…en fin, tienes mil opciones.

Ya dominando el tema del transporte y el metro, puedes moverte muy fácil por la ciudad y visitar tus sitios de interés. Berlín tiene muchos bares y clubs, pero mi favorito es Berghain, esto es así como un antro en un edificio industrial abandonado, y te advierto que la fiesta dura todo el fin de semana, pero no es tan fácil entrar; la verdad no hay parámetros, todo depende del humor del cadenero: te pude dejar entrar con tu look más equis y soso o con el más inventado que te hayas hecho para ese día, pero te puedo asegurar que una vez que entres en ese lugar tu nivel de coolness se eleva por siempre. Pudes decirte digno de haber entrado a uno de los mejores antros de música electrónica de toda Europa, hay filas y filas y que te nieguen el acceso se siente raramente justo, no lo puedes discutir porque no hay nada que discutirle, esto es Berghain y punto. Son tres pisos; en el primero hay techno y en el último es panorama bar donde suena música house y ligeramente comercial.  Hay laberintos de bocinas en donde, si quieres, te agarras con alguien o no. Y para anunciarte que eres oficialmente un zombie y ya son las 12 del día, abren a esa hora las persianas y entra la luz, la gente grita eufóricamente y la fiesta sigue. No se juzga nada, ni género ni preferencias. Suena increíble ¿no?

También visité Kitcat, un antro que normalmente es SMD, pero una vez al mes le baja rayita y hace fiestas temáticas y es mucho más accesible; una vez más, raramente se fusiona la fiesta con lo sensual. La mejor música house con gente vestida en piel, una atmósfera que solo en un mood open mind pude tolerar, te juro que te la pasas increíble. Hay una base de respeto general.

Los domingos son un día muerto para Alemania, muerto: nada abre (cuando te digo nada es nada), así que todos están en las fiestas del sábado o llegando apenas en domingo a la fiesta.

Hagamos esto, te daré una pista de qué hacer en 24 horas por Berlín, una guía de lugares must: en cuanto despiertes corre a Coffe Westberlin, aliméntate como un buen alemán para aguantar tu jornada, está ubicado en Friedrichstrasse 215. Luego puedes ir de shooping a VOO Store, esta tienda tiene  exclusivas piezas tanto de diseño alemán como de toda Europa, está en Oranienstrasse 24. Kreuzber es el barrio hispter; ya sabes, antes era feo, pero ahora está cool; ahí encontrarás Cocolo, es un lugar de comida mixta, pero muy rica, está en Paul Lincke Uffer 39. Para la cena puedes ir a Katz Orange, sirven platillos europeos con un toque contemporáneo, está en Bergstrasse 22. En la noche te recomiendo pasar por Club Prince Charles, en Prinzenstrasse 85. Para la cruda puedes visitar California Breakfast Slam, en Innstrase 47, recupérate y despierta con un buen café orgánico.

 

Espero que tú, como yo, te enamores de esta ciudad. Dejo a tu criterio qué hacer y qué lugares visitar, arma tu propio plan. Y como diría Paul Kalkbrenner, “Una vez que estás en Berlín, esta te llamará siempre.”