Texto e imágenes: David Ortega

Después de determinar las fechas en que podríamos disfrutar del mejor clima y la mejor temporada, decidimos hacer, tres amigos y yo, un viaje en auto de la ciudad de México a Mazunte, una playa del Pacífico mexicano en el estado de Oaxaca.

Todo sucedió un primero de enero. Después de tener una muy buena fiesta de Año Nuevo en la ciudad, decidimos a eso del medio día rentar un coche y tomar carretera rumbo al sureste. Después de 5 horas de camino y un atardecer increíble llegamos a la grandiosa ciudad de Oaxaca. Ahí, sin saber donde nos hospedaríamos, ya en el centro y en cuestión de poquísimo tiempo, encontramos una muy buena habitación por una muy buena cantidad de dinero. No es el gran lujo, pero la cama es cómoda y limpia, el baño igual y el ambiente del patio colonial lo compensa todo. Oaxaca tiene una magia que pocas ciudades pueden presumir; no es grande, más bien chica; no tiene edificios altos ni grandísima infraestructura, pero tiene un centro colonial, centros arqueológicos y una oferta gastronómica que nadie debería perderse.

En Oaxaca (ciudad y estado) la comida es uno de los tesoros más grandes que se pueden descubrir. ¿Quién no ha escuchado hablar del quesillo de Oaxaca? Ese queso blanco, fresco, con un ligero toque salado que se deshebra y se derrite con el calor, que combina perfecto con carne, aguacate y cualquier salsa, para en conjunto formar una tlayuda (otro de los grandes platillos de la gastronomía oaxaqueña). Pero ahí no para la cosa, los chapulines (grillos), el mole negro, el chocolate de agua con chile y el ya muy célebre mezcal, son alimentos propios de la región que todos debemos conocer. De este último hay tantas variedades que me resulta casi imposible describirlos y sería tema de otro artículo, pero eso es sólo el principio de lo que nos espera en la grandiosa Oaxaca y el resto de su territorio.

…El viaje continuó después de dos días de comer y más comer, caminar por el centro y comprar casi todo el mercado de artesanías, encaminándonos a la carretera que conecta la ciudad de Oaxaca con el Océano Pacífico.

Salimos a eso de las doce del día de la ciudad, justo después del desayuno. Y es que esa carretera es toda una experiencia que requiere su tiempo. Antes de decidir el camino que debíamos tomar, decidí preguntar a una buena amiga, originaria de la región, de qué era lo más conveniente. Obviamente cada camino tiene sus pros y sus contras, pero si se hace con planeación y buen tiempo todos son igual de buenos.

Las opciones para llegar son la carretera 131 hacia Puerto Escondido, la 175 con dirección a Pochutla y la 190 que conecta con Salina Cruz. Al final optamos por el camino “corto” hacia Pochutla. Por lo menos en el mapa parece más directo.

Cabe aclarar que el trayecto en línea recta es de apenas 260 kilómetros, pero se cruzan tantas montañas que dura el viaje alrededor de 5 horas ¡No se alarmen! Bien merece la pena tomar ese camino y ver el increíble cambio de paisaje, del semi-desierto y los magueyes a la Sierra Sur y sus bosques de coníferas, al bosque tropical y finalmente a la costa. Sí, ¡todo ese cambio en sólo 260 kilómetros!
Llegar al mar es toda una sensación de triunfo. Las playas doradas, el mar azul y los pueblos costeros nos desconectan por completo del resto del mundo. El Mazunte es una de las pequeñas joyas en ese corredor costero.

David Ortega

Zipolite y la playa nudista; Puerto Escondido y los surfers; Chacahua y los manglares, son algunas de las opciones donde se puede uno quedar y pasar unas vacaciones inolvidables, pero Mazunte tiene magia.

Mazunte es una playa a unos veinte minutos de la cabecera municipal de Pochutla. Es una caleta de apenas un par de kilómetros. En realidad forma parte de una serie de playas y caletas (Mermejita, El Rinconcito, San Agustinillo, Ventanilla), una más bonita que la otra y con distintos ambientes, dependiendo lo que se busca, siempre en un ambiente muy relajado y natural.

Nosotros decidimos quedarnos justo en la frontera entre El Rinconcito y Mazunte, en la Posada del Arquitecto. Ahí la oferta de habitaciones va desde la hamaca al aire libre con vista a las estrellas, hasta la habitación con cómodas camas y una cocineta, a precios bastante accesibles.

La cafetería del lugar es muy concurrida, debido a que tiene acceso a wi-fi, ideal para los que necesitamos estar conectados a la red, además de que la comida, las bebidas y las cervezas son perfectas con esa vista al mar de ensueño. Fue nuestro lugar de encuentro, socialización y hasta donde hicimos más amigos de todo el mundo.

Una caminata por la zona nos llevó a descubrir el lugar que nadie se pierde al atardecer, Punta Cometa. Sólo subimos cuesta arriba unos diez minutos y vimos unos acantilados impresionantes con el mar infinito y el sol metiéndose en el horizonte. La gente se sienta alineada en el borde para admirar el paisaje que todos los días se pinta de distintos colores (algunos más arriesgados bajaron a una entrada de agua del mar que parece un jacuzzi natural).

También visitamos el Centro Nacional de la Tortuga, un museo natural con especies de tortugas de toda la región. Y es que Mazunte fue uno de los centros más importantes de carne y huevo de tortuga hasta que se decidió prohibir su explotación, convirtiéndose así en un lugar de protección, educación y promoción del ecoturismo y la preservación de los ecosistemas.

Cuando quisimos un poco de fiesta encontramos buenos bares, muy al estilo de Y tu mamá también en el pueblo, con una oferta buenísima de mezcales y música de todo tipo a precios súper accesibles.

Pero la opción de escapar y desconectarse es increíble. La costa oaxaqueña es un paraíso y Mazunte el lugar ideal para unas vacaciones de ensueño con amigos, pareja y hasta solo, porque habrá siempre alguien para entablar una amistad o quizá algo más.

Cuándo visitar: entre octubre y junio es perfecto porque se evita la temporada de lluvias y huracanes.

Cómo llegar: En avión se puede volar a Huatulco y de ahí taxis colectivos a la zona. En coche la ruta vía Oaxaca permite hacer paradas en otras ciudades y pueblos increíbles. La vía por Acapulco es otra buena opción que va costeando por el Pacífico. En autobús hay que ir con destino a Pochutla. Hay muchos autobuses que parten de la Tapo. Se recomienda el nocturno que toma unas 13 horas; de ahí también hay taxis colectivos que llevan a la playa.

Dónde quedarse: La oferta en general es muy económica. No hay grandes lujos en Mazunte pero ese es parte del encanto del lugar, aunque también se puede acampar.

Recomendaciones generales: El repelente de mosquitos es indispensable. Al tomar el sol hay que ser cuidadosos porque puede quemar la piel muy rápido y hay que llevar efectivo porque casi no hay lugares que aceptan tarjeta. Las olas pueden ser altas así que hay que tener precaución al entrar al mar.