Por: Daniel Jáuregui

A las 8:45a.m., tal y como habíamos acordado, salió Caloncho, con manzana en mano y pelo húmedo (muy peinado), de su departamento ubicado en Bucerias, Nayarit. “Me lo rentó un compa todo el mes, este es mi último fin”, nos platicó durante el trayecto a Sayulita, donde sería la sesión fotográfica y entrevista.

Para irnos familiarizando le pedí que se sentara en el asiento de copiloto (yo manejaba). En menos de dos minutos comprobé lo que varios amigos del medio me habían comentado: “Caloncho es a toda madre”.

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Ligero como Pasa el tiempo, gracioso como Chupetazos y relajado como… pues, como todo su álbum, el músico oriundo de Sonora nos compartió datos de su vida y se rió de las siempre inapropiadas bromas del fotógrafo (Daniel iba en el asiento trasero). Total, la plática hizo que el camino se sintiera cortísimo, y cuando menos lo imaginamos, llegamos a nuestro destino: Casa Love (vayan).

“Mi abuelo decía que tengo los pies de soplador, chicos pero muy anchos”, nos comentó mientras se ponía un par de tenis; todos los del equipo nos reímos porque es cierto, son verdaderamente anchos.

 

¿Cuál es tú recuerdo más remoto vinculado con la música?
Creo que es de mi papá, cuando llegaba de trabajar se ponía a tocar guitarra ahí en lacasa.

¿Hay más personas en tu casa que estén conectadas con la música?
Sí, la primera vez que hicimos una canción mi papá tenía un vocho amarillo, mi hermano menor, creo, tenía como un año, yo tendría como cuatro o cinco años. Estaba lloviendo bien cabrón, había un charcote, no se veía nada y nos quedamos atorados.

Entonces mi carnalito empezó a hacer un corrido del vocho amarillo. Me acuerdo muchísimo de ese momento: estábamos en la alfombra de un cuarto en una casa ahí en Guadalajara, mi jefe con la guitarra y mi carnalillo componiendo, el bato apenas y sabía hablar

¿Qué rol ha tenido tu familia en este camino creativo que tomaste? Mi jefa es bien fan, bueno, noto un genuino interés de su parte. Me pregunta dónde voy a tocar, cómo me fue, qué tal las tocadas, qué tal los medios. Ella es bien chida, mi papá como que siempre se ha mantenido más al… bueno, no tan involucrado, sin embargo ya van dos shows a los que ha ido, el primero fue en Marzo y el último fue en Mayo; antes de eso sí era de “Ah, eres músico, chingón”. pero nunca había ido a un show.

¿Qué valores te inculcaron?
Eso es onda de mi jefa, esta onda de saber hacerse feliz, saber que es una decisión el estar contento. Es un parteaguas, es algo que tengo bien claro y es algo que tengo que aplicar constantemente porque de cierta manera soy medio egoísta.

Si pudieras escribir los mandamientos según Caloncho, ¿cuáles serían? A final, en esta onda son simplemente reglas de interacción, ¿no?, de coexistencia, y creo que lo describen bien en cualquier religión: respeto, que viene del amor; quiere y cuida a los que te rodean.

¿Eres congruente con esa filosofía de vida?
Sí, de repente me destruyo un poco, pero aún dentro de esa destrucción soy bien cariñoso con lo que me rodea.

¿Crees que esos sentimientos de amor, respeto, se reflejan en tu música? Pues mínimo no estoy diciendo lo contrario. Nunca he querido llevar un mensaje político a mi música ni ser evangelizador de nada, no es mi trip, nada más expreso lo que se me ocurre, y si eso les da paz o los transporta a la playa, que es lo que me han dicho que sucede con mi música ¡pues qué bien! Me da gusto que se pongan de esa manera y que lo disfruten.

Como humano y como creativo es normal transmutar de estilos, ¿crees que cuando llegue ese momento sea complicado hacerlo porque tu público ya esperará algo muy especifico de ti? Pues es posible, yo lo viví también desde mi rol de audiencia. Pero eso es inevitable, el cambio es lo único que tenemos seguro y se me antoja bien machín experimentar con otros géneros, con otros instrumentos, con otros procesos creativos de
preproducción, postproducción, ¿si ubicas?, hay miles de cosas que se pueden hacer, y eso a la vez te lleva a otros oídos, unos se van, pero llegan otros. Quiero hacer exactamente lo que se me antoje.

El proyecto Fruta ya es un LP, ¿cómo se siente el haberlo concluido?
Ya era hora, llevo muchísimo con estas canciones. Ahora estoy en este nuevo proceso que es lo más divertido: nuevas canciones, nuevos discursos, nuevos géneros… es súper interesante, bien bonito y me motiva muchísimo.

En la canción El derroche hablas de los excesos, de no saberle poner límite a la
noche y dejarte llevar por la felicidad del momento. Para ti ¿cuánto es demasiado?
Hay un momento que ya sé que estoy neceando y digo: “!Wey, ya! Ya salió el sol desde hace un ratote, ¿qué estoy haciendo aquí? Ya me tengo que ir a dormir”. Y eso no lo lamento en el momento, sino hasta después. Pero esas fiestas tienen un output bien productivo porque o generas nuevas amistades o fortaleces las que ya existen o se te ocurrió una idea bien chida. Tienen un output positivo, sin duda.

¿A qué te ha dado acceso la fama?
A… cheves (risas)… cheves, nuevos compas. Yo la neta soy tímido, pero ahorita, si voy a algún lugar, puedo estar solo y voy a tener con quien platicar. Eso está padre, que la gente se atreva a acercarse cuando la neta yo…no… lo respeto, pero yo no me atrevería (risas).

¿Hay algo en el medio que te ha decepcionado?
Sí, sin duda, por supuesto. Lo que vería bien positivo de esta era es que la audiencia decide lo que quiere escuchar, a quién le da follow… eso se me hace bien valioso, la neta, aunque sigue sucediendo que muchas cosas están ahí porque alguien define que tiene que ser de esa manera. El hecho de que tengas que pagar por estar en la radio o que los premios los ganen las personas relacionadas a la industria o a las grandes disqueras se me hace triste… darte cuenta que hay muchos proyectos que son productos, entonces, tienen que tener publicidad constante y exhibirse en “ese” anaquel precisamente porque les va a traer más ventas. Me ha tocado verlo de cerca y no me gusta nada, es más, ni siquiera me gusta estar cerca de eso y mucho menos que me vayan a asociar con eso… Fruta se ha logrado gracias a una vitalidad orgánica de compa tras compa y eso es bien valioso.

¿Entonces para ti el dinero no va vinculado con el éxito?
No necesariamente, la neta no. Obviamente necesitamos de él, me gustaría tener un nivel de vida con el que pudiera tener una familia, quiero vivir en una casa que me guste y tener dinero para disfrutar del tiempo, pero no le doy mucha importancia, al contrario, lo básico esta chido.

Platícame de las colaboraciones que has tenido, ¿cómo se concretan?
Cada una ha sido bien particular. Siddhartha fue una creación desde cero, 50/50 totalmente; con Los master plus también fue una onda de compas, llegué con una idea que desarrollamos entre ambos y se fue para otro lado con la producción de Alfredo, que es un gran músico y productor; con Leonel García fue más bien una onda de “Oye wey, me gusta lo que haces, tengo esta rola y me gustaría que la cantaras conmigo”, ¡y… listo! Aproveché la oportunidad, Leonel se me hace un gran músico, gran
compositor contemporáneo, fue un honor trabajar con él.

¿Cuál es la diferencia entre los shows que dabas hace cuatro años, en tus inicios, y los que das ahora?
Abismal. Para empezar, cuando inicié tocaba solo, después entró Dexter, él me enseñó a usar Ableton y a partir de ese momento el show empezó a crecer bien cabrón. Dex tocaba el bass, yo tocaba sentado con un bombo contratiempos en el pie izquierdo, guitarra, cantaba y traía el metrónomo para reproducir las secuencias… era un pedo de one man band. Estaba bien perro y lo logré hacer varias veces, pero entre menos responsabilidades logísticas tengas, más lo disfrutas y puedes estar pleno con la actividad que estés realizando.

¿Ahora conectas más con el público?
Eso sigo trabajándolo. Soy tímido; si por mi fuera, subo, canto, digo gracias y ya; pero está la parte en que tienes que se empático con la gente y saber cómo se la están pasando. Ya lo estoy aprendiendo a disfrutar.

¿Cómo está conformada la Banda?
La alineación ahorita es: yo toco guitarra y canto, a gustísimo; Dexter que toca el bass… y baila (risas), Balas que toca batería y Ruco que toca trombón y tecla. Somos cuatro, esta fácil de turear. Mi objetivo es reemplazar líneas de computadora por humanos ejecutando instrumentos reales, hacerlo más orgánico.

¿Cuál es el show que más has disfrutado?
Los pongo en dos categorías: están los gigantescos, que son experiencias abrumadoras, porque es una gran cantidad de gente dando una energía bien particular, te sientes agradecido y honrado de estar ahí, pero personalmente en estos shows me concentro en “No la cagues, disfrútalo, pero no la cagues”. Las
presentaciones que más me gustan son en barecitos chiquitos, de 200 a 500 personas; gente gritando, cantando, sudando y regalándote buena onda… eso es totalmente retroalimentación instantánea, recíproca. Entre más sudo, mejor me la paso.

¿Cómo fue tocar en el Vive Latino?
Fue la primera gran sorpresa cuando me di cuenta que ya había gente escuchando el proyecto y que se sabían las canciones aun sin estar en el disco. Eso quiere decir que se meten a Youtube, la buscan y se la saben. Salí al escenario, escuché gritar a la banda y se me secó la boca.

Para todos los artistas que están incursionando en la industria, ¿qué consejo les darías?
Que se den, que lo hagan; no es tan alentador de repente el proceso que toca vivir, pero al final lo haces porque te gusta. Yo por eso me daba, la neta, seguía siendo godínez, pero tocaba porque me gustaba y listo… era mi manera de estar contento. Dicen que cuando haces algo debes esperar reconocimiento, puede ser de tu mamá o de miles, pero al final hacerlo neta porque estás satisfecho y pleno contigo. [ ]